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lacocinadeheisenbergtweetLlega septiembre y bajan las temperaturas, los días se acortan y las hojas caen de los árboles(todo esto en los sitios que hay cuatro estaciones al año, claro). Gracias al cielo, los niños vuelven al cole, y también maduran los membrillos, hay buenos melones aún, algún tomate suelto, exquisitos melocotones y comienza el verdeo.

Además de lo dicho, septiembre es el mes para hacer balance de todos los excesos del verano, de horarios, de sol, por ende de calor; y de comida con libaciones más allá de lo recomendable para la salud y los estándares del pudor. Muchas parejas se dan cuenta definitivamente de que no se soportan tras la convivencia estival, y deciden por fin acabar con la pantomima para bien de todos.

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Tras las vacaciones…

Pero sobretodo, septiembre es el mes en el que hacemos recuento de kilos de grasa acumulada, aprendemos a calcular índices de masa corporal, volvemos al deporte o al propósito de hacerlo, y sobretodo septiembre es el mes en que los dietistas y las dietistas(un saludo, Ibarretxe) hacen su agosto, especialmente los predicadores de las dietas milagro. Estos últimos, sus ideólogos, conocen muy bien nuestro grado de ignorancia sobre metabolismo humano o bien aprovechan el exceso de información a la que estamos sometidos para introducir su nuevo catecismo dietético.

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Marcelino pan y vino. Un milagro dietético.

Utilizo todo este vocabulario e ideario religioso porque, al fin y al cabo, estos elementos no quieren pacientes informados, sino fieles seguidores. Normalmente, toda dieta milagro comienza porque algún famoso supermillonario de la muerte decide compartir con el resto de la humandidad las bondades de cierta dieta que le ha cambiado la vida. Luego, en ocasiones es necesaria la complicidad de profesionales cualificados que vean aquí una posibilidad de hacer dinero fácil y nada más, aunque muchas veces ni eso. Todo este caldo de cultivo genera un fenómeno con hordas de seguidores dispuestos a defender hasta la muerte su nueva fe, se nombran sacerdotes y sacerdotisas, franquiciados, y ya está montado el negocio. A producir.

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¡¡¡Toma ahí proteínas a cascoporro!!!

Normalmente, los estudios en los que se fundamentan muchas de estas dietas suelen estar basados en el método llamado: “que me muera yo ahora mismo si es mentira lo que te estoy diciendo”, el típico argumento de que si es cara será que es la mejor, que si es la que hacen los famosos, etc. Otra modalidad que me encanta es esa en que todo el tinglado está basado en los estudios de un genial doctor que nadie conoce, nadie ha visto y por supuesto tampoco ha publicado en ninguna revista de renombre. Por supuesto que esto es debido a un complot de las farmacéuticas, que quieren evitar a toda costa que la humanidad se ilumine por un módico precio con los grandes descubrimientos del gran y pobre doctor, ignorado por la ciencia. Los vídeos promocionales del youtube no suelen tener desperdicio.

La otra modalidad que nos queda sí que suele venir acompañada de ciertos avales científicos, y aquí entramos en la categoría de exceso de información. Tengo que reconocer que he empezado el curso con muchas ganas de poner bajo la lupa una dieta que se está poniendo de moda. Se llama Paleodieta, y sí que es cierto que hay publicaciones serias que se pueden encontrar en PubMed.

Hay dos vertientes que se han separado de la idea original. La primera apoya su fundamento en la experiencia personal individual, típica de las dietas milagro, aunque hay algunos profesionales involucrados en ello. Un par de ejemplos. 1 2

En cuanto a la vertiente más seria, la argumentación a grandes rasgos está basada en un estudio exhaustivo y riguroso de la evolución en la alimentación de la especie, desde el homo erectus hasta nuestros días, avalada por prestigiosos antropólogos. Aquí se expone de forma muy seria, cómo el hombre del paleolítico, que formaba sociedades recolectoras, basó su dieta fundamentalmente en vegetales y gran cantidad de proteína animal, lo que jugó un papel fundamental en el desarrollo del cerebro, y a su vez, con los hábitos de vida propios de una sociedad recolectora, le permitía gozar de una excelente salud.

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¿Practicando la paleodieta?

A partir de aquí, a mi parecer, se hace una regla de tres demasiado simple. Una vez dicho lo anterior, argumentan que el ser humano,  lleva muy poco tiempo (200 generaciones) en términos evolutivos siendo agricultor, alimentándose de cereales (trigo, cebada, centeno, arroz…), harinas (de cereales o legumbres), lácteos, azúcares y ciertos aceites vegetales. Con lo cual, nuestro cuerpo está diseñado para ser recolectores, ya que de las 76000 generaciones que hace que somos humanos sólo 200 hemos sido agricultores. De esta forma, exceptuando la carne, pescado, frutas y verdura, todo lo demás que compone la vida moderna nos engorda y nos hace enfermar. La gran laguna, aparte de la poca evidencia científica de que esto sea así, es precisamente parte del argumento a favor. Ya no somos recolectores. No tenemos que caminar decenas de kilómetros, subir árboles y montañas para conseguir una comida al día en el mejor de los casos. Así que como solución dietética para perder peso me parece inadecuada, y como remedio para las enfermedades muy pobre. Recomiendo leer este blog y en concreto este artículo.

En fin, que si quieres ponerte a dieta, ve a un facultativo del ramo. En general, un buen especialista no te va a vender dietas para que pierdas todo de golpe y sin esfuerzo, si no que va a tratar de que aprendas a llevar una alimentación equilibrada cuidando tu salud y teniendo en cuenta tus circunstancias fisio-patológicas concretas. Las dietas son para siempre, así que aprende a comer bien.

Nosotros próximamente queremos contar en nuestro blog con la colaboración de un amigo nutricionista que puede resolver dudas puntuales sobre dietética, nutrición, composición de alimentos, seguridad e higiene alimentaria, etc. Os mantendremos informados.

Saludos, se despide atentamente Heisenberg, el cocinero atómico.

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