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lacocinadeheisenbergtweetNo me he podido resistir a escribir unas líneas a cuento de el artículo publicado por Mikel López Iturriaga en su blog de El País. En él nos hace una reseña sobre el libro Comer sin Miedo, de José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y biología molecular por la Universidad de Valencia. Recomiendo altamente la lectura del artículo, y ni que decir tiene que en cuanto pueda me haré con el libro.

En primer lugar decir que no deja de ser un orgullo que una voz tan autorizada como el doctor Mulet aborde muchos temas que en este blog se han tratado, y prácticamente en la misma dirección. Me ha encantado en especial leer su opinión sobre la paleodiaeta, tratada en este blog, y en general la idea desprendida de que el exceso de información sin formación, nos hace vulnerables a cualquier cantamañanas que salga por los medios. Otra cosa que yo añadiría a lo de la regresión al paleolítico sería que con la flora que a través de la evolución ha ido colonizando nuestro sistema digestivo, ¿qué hacemos? ¿Le decimos: ¡si me queréis irse!? ¿La convencemos de que hablen con la que había en el paleolítico para que vuelvan? ¿Hablarán bacteriano antiguo y no se entenderán? Es que puestos a decir chorradas, es pa no parar…

Mi opinión,  generalizando mucho, es que todos estos problemas tienen su origen en dos cosas fundamentales: cualquier universitario medio sabe hacer un comentario de texto, pero excepto la gente que estudia ciencias, casi nadie sabe si quiera qué es aproximademente la glucosa. Este grado de desconocimiento es un nicho de mercado importantísimo.

Pero lo que me ha movido a dejar mis quehaceres y escribir este artículo, son las posibles diferencias en cuanto al tema de la agricultura. Quiero dejar muy claro, sobre todo si tengo la suerte de que el doctor Mulet lea estas líneas, que mi única intención es crear debate y reflexión sobre las dudas que me surgen de sus ideas expuestas.

Comer-sin-miedo

Recomendadísma lectura.

Estoy muy de acuerdo en que la ecología como pose no tiene absolutamente ninguna utilidad. Esta actitud nos ha movido a hacer muchas barbaridades, como el asunto de sustituir las bombillas incandescentes por las de bajo consumo, bajo excusa del calentamiento global. Esto contó con el apoyo ciego de Greenpeace, y digo ciego, por que llevaron hasta el final su “creencia ciega” de que las bombillas incandescentes estropeaban el planeta, sin tener en cuenta de que con la nueva bombilla de bajo consumo introducían en el ecosistema una nueva fuente de mercurio, altamente tóxico para los seres vivos. En mi opinión, y lo digo sin despeinarme, a pesar de las cosas positivas que estas grandes asociaciones “ecologistas” hayan conseguido en sus principios, ahora parecen más bien un lavadero de conciencias para celebrities. Recomiendo la visión de este documental para entender esto último.

También estoy de acuerdo con el argumento de que la idea de producto ecológico se ha convertido en un nuevo valor añadido, y de que en general la mayoría no sabe qué producto adquiere cuando compra ecológico. De hecho, existe la producción ecológica en cultivos intensivos, así que es cierto que no todo lo catalogado como ecológico es mejor para el medio ambiente. A mí, particularmente me da la impresión de que cuando el consumidor medio habla de producto ecológico, piensa en producto de temporada.

Incluso con el asunto de los transgénicos, coincido en que la corriente de pensamiento que hay contra ellos se hace de forma totalmente desinformada o ciega, hasta el punto de que la gente les teme como si ingerirlos les pudiera convertir en seres mutantes apocalípticos.

plantas asesinas

¡¡¡¡Que nos comen los transgénicos!!!!

Pero ahora quisiera comentar los argumentos con los que en principio no coincido totalmente. Y es que en la defensa de las especies transgénicas, se desprende un discurso quizá demasiado resultadista. El cultivo de especies modificadas genéticamente es más eficiente, usa menor cantidad de fertilizante, menos pesticidas, y menor superficie de cultivo. Todo esto abarata los costes y en consecuencia el producto será más asequible para el consumidor. Totalmente de acuerdo. Pero sobre esto me asaltan una serie de cuestiones vitales:

¿Por qué necesitamos realmente esta rentabilidad productiva? ¿Es necesario tener de todo en cualquier época del año en contra de los ciclos naturales? ¿En poder de quién terminan las patentes derivadas de la mayoría de estas investigaciones? Si la finalidad es de origen humanitario, ¿sería esto necesario si los países eminentemente agrícolas no hubieran sido asediados por las grandes corporaciones que poseen las patentes, y consecuentemente empobrecidos? ¿Queremos que desaparezca la biodiversidad que hoy por hoy sobrevive a duras penas mantenida por el pequeño productor? ¿Quiero vivir en un mundo en el que no puedo conservar las semillas de mi propio cultivo porque tienen derechos de autor? Y creo que se me queda mucho en el tintero.

Los que vivimos en pueblos aún podemos disfrutar de variedades que para los mercados no son rentables. Aún hay gente que vive de esto. Somos muchos los que creemos en un cierto ecologismo con sentido, ligado a la cercanía del producto(que crea puestos de trabajo) y a los alimentos de temporada como fundamento para evitar, entre otras cosas, la contaminación que produce el que haya de todo, y en cualquier época del año. Porque, al fin y al cabo el transporte contamina, y muchos de los productos que hay disponibles a diario en todo el mundo provienen de pocos sitios. Esto es energéticamente costoso, por no hablar del coste humanitario derivado de que los productores a pequeña escala no pueden competir. ¿De dónde proviene casi toda la harina que hay disponible?

Todas estas cuestiones pretenden abrir debate en este sentido, estando de acuerdo con la idea general que obtengo leyendo al doctor Mulet. La desinformación nos hace vulnerables, pero la sobreinformación sin formación, y encima teledirigida, aún más.

Sin más se despide de vosotros Heisenberg, el cocinero atómico.

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